Desde Casa: Capítulo 2 - La Lucha Libre en la Cultura

Por Miguel G. Fonseca


En México sólo hay dos espectáculos deportivos que tocan el corazón de las masas: el futbol soccer y la Lucha Libre Profesional; esto amén de que en gustos se rompen géneros y no dudo que en algún rincón del país haya alguien que se ponga feliz mirando un partido de rugby o una justa de canotaje.Sin embargo, el lugar del soccer y las luchas en la cultura popular mexicana no tiene discusión.   El balompié se cuece aparte, a un nivel en el que prácticamente toda la población -no me incluyo- es devota de un club de este deporte.   La lucha libre, con muchísimo menos proyección mediática que el soccer, tiene un nada despreciable segundo lugar, ganado a pulso, en el gusto popular.  Porque hasta el mexicano que reniega de su gusto por este deporte, sabe perfectamente que el martinete es prohibido, que Konnan era un ídolo con un fisicazo, y que hoy en día sube al ring a insultar al público, etc.   Por otra parte, si uno pregunta a un grupo de personas escogidas al azar, quiénes son Octagón, Cibernético, La Parka y El Vampiro Canadiense, cualquiera de los ya más de 112 millones de mexicanos respondería, de menos, "son luchadores".  Si uno toma una segunda muestra aleatoria de mexicanos, y repite la misma pregunta, seguro saltará alguien diciendo algo como "El Ídolo de los Niños",  "El Main Main de la Lucha Libre", y al referirse a Vampiro brotaría de la boca de alguno, como por generación espontánea,  la palabra "Casanova".    Si uno pregunta a una de esas muestras si ha escuchado de Triple A, inmediatamente exclamarán: "la de las luchas", o algo así.     Hay una escena que siempre resulta graciosa, sin importar cuántas veces se viva: cuando alguien que acabas de conocer te pregunta a qué te dedicas, y respondes que trabajas en la Lucha Libre.  En ese momento lelga esa otra pregunta, que deja claro que las películas de luchadores de hace treinta años surtieron efecto: "¿Y tú los conoces sin su máscara?"...       Porque en México, todavía, el luchador toma matices de super héroe para la gente.

En México todo mundo sabe algo de lucha libre, pero algunos yuppies quieren seguir pensando que es un espectáculo para niños o para un estrato social bajo.  Craso error. Hoy, más que nunca, la lucha libre ha permeado el tejido social en todos sus niveles.

Es una realidad que la lucha libre es parte inalienable de la mexicaneidad; un espectáculo que sincretizó a tal grado con los valores e identidad de los mexicanos, década tras década, hasta consolidarse en un estilo propio, uno de los tres más respetados del mundo: la LUCHA LIBRE.  Así es, el estilo luchístico mexicano es ya conocido con ese nombre a nivel internacional, en buena medida gracias a la incursión grupal, en la década de los noventa, de luchadores como el original Psicosis/Nicho, Juventud Guerrera, L.A. Park, Rey Misterio Jr., Super Crazy y otros, en el wrestling de los Estados Unidos, principalmente en las desaparecidas empresas World Championship Wrestling y Extreme Championship Wrestling.

Motivo de orgullo que la lucha libre sea cultura, que se haya convertido en motivación e inspiración natural para numerosos creadores (plásticos, fotógrafos, escritores), que ponga el nombre de México en alto (por trillado que suene) y al mismo tiempo, sea el escenario para que lo mexicano pueda expresarse con los reflectores que se merece.   Sobre esto, el recientemente fallecido Carlos Monsiváis, respetado cronista de la cultura nacional, decía: “la lucha libre se identificó a tal grado con nuestra cultura popular que la trepó al ring, con todas sus leyendas, en el sentido más estricto”. 

La Lucha Libre Mexicana es, efectivamente, un receptáculo de la idiosincrasia de un pueblo, es un espejo fiel de lo mexicano, es un espectáculo rico en emociones, sentimientos y con características estéticas que no tienen comparación.  Es de esas pocas cosas en la vida que pueden fascinar por igual a un culto y a un ignorante, a un millonario o a un mendigo.  ¡Viva la Lucha Libre! 

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